Diseño de interiores: la Ventana de Marcel Benedito

Diseño de interiores: la Ventana de Marcel Benedito
Casa Sardinera de Ramón Esteve. Foto: Mariella Apolonio

lunes, 2 de junio de 2014

Yo en tu casa y tú en la mía: intercambio de parajes

Intercambiar casas es una nueva forma de viajar y conocer mundo que permite disfrutar, sin coste de alojamiento, de unas vacaciones en un bohemio loft neoyorquino o en una casita con piscina en las islas griegas. Los aficionados a este tipo de canje utilizan páginas especializadas en Internet que les ponen en contacto y facilitan el mutuo conocimiento de los inquilinos, entre una oferta de viviendas muy grande. El resto del acuerdo depende de ellos, normalmente con un protocolo que aporta la web de intercambio. Luego sólo hay que llegar a la casa del nuevo amigo y entregarle las llaves de la propia. En pura lógica, dejan su casa tan coqueta como quieren encontrar la otra y, ya puestos, unos planos para defenderse por el entorno, instrucciones de uso y un regalito de bienvenida.


Imágenes de B&B Italia, cortesía de la revista CASA VIVA

 Las casas siempre están a punto de vivir y pueden ser de muy diversas tipologías, e incluso tener mascota y coche propio. Los apasionados de esta forma de turismo aseguran que no hay sistema más barato, efectivo y eficaz de conocer el mundo. Una vez superadas las primeras dudas, el acuerdo siempre es beneficioso, todo el mundo es muy esmerado, tanto con la vivienda que presta como con la que recibe, y la experiencia se convierte en una opción para las vacaciones adictiva.





España aparece como uno de los destinos más demandados, aunque la oferta de casas está aún muy por debajo de la de países como Estados Unidos, Reino Unido y Francia. “Hay una falsa idea de que los españoles son muy celosos de su casa y su intimidad”, opina Violeta Díaz, representante de Intercambiocasas.com, una de las plataformas más potentes del mundo, con 50.000 usuarios  de lo cuales 2.800 son de nuestro país. “No es cierto, en general los españoles son sociables, abiertos, curiosos y generosos, valores fundamentales para intercambiar”.


A esta forma de intercambio de hogares se le llama técnicamente consumo colaborativo pero, en realidad, se trata del trueque de toda la vida facilitado enormemente por la Red, ya que nunca hay dinero por medio, excepto la cuota que piden las páginas webs por pertenecer al club. Pero el aliciente de esta nueva experiencia según declaran la mayoría de los aficionados, no es tanto el ahorro que supone en cuanto a alojamiento (que también) sino la magnífica experiencia de tipo cultural que posibilita al hacer tan sencillo el vivir en otro punto del globo y, además, en el entorno de una casa ajena.


En este punto, nos parece muy inspirador el hecho de que, junto con las llaves de la casa, los propietarios que deciden prestar su hogar, están brindando toda una filosofía de existencia cotidiana impresa en las paredes del inmueble. Desde la decoración hasta el jardín, pasando por la biblioteca, la cocina, la iluminación, el entorno, la lencería de cama, la atmósfera de los baños, las vistas desde las ventanas… en suma, el espíritu de la casa, todo, encerrado en un juego de llaves.



El intercambio no es sólo de aojamiento, ni se agota al disfrutar los componentes culturales de la ciudad, localidad o país donde se enclava el hogar ajeno.  Es algo que va mucho más allá y que comprende una serie de valores humanos, incluidos los estéticos, que nos transportan a otras vidas de las que, durante unos días, entramos a formar parte sin más. Con el domicilio, se intercambian unos intangibles maravillosos que ninguna agencia de viajes puede poner en sus folletos publicitarios. Los mismos que hacen de nuestra casa un lugar muy especial.

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